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¿Qué me apetece leer hoy?

Enciende tu imaginación

Sonríe. El mundo se va a la mierda pero el selfie stick sigue en alto.

Esa melodía

Era de noche. Llovía. Cómo solo puede llover en una primavera en los países del este. Y un grupo de jazz inunda esa noche, esa lluvia, esa sala. Su música está viva. Golpea mi mente, la acaricia, la atormenta y la enamora. Como la vida. Y nacen los relatos que esperan en algún lugar para ser contados. Seguir leyendo “Esa melodía”

Amira

Cada mañana, lo primero que hacía Amira al salir de casa era correr calle abajo y calle arriba, por los callejones, el solar junto al supermercado, el parque malo antes del parque bueno. Todo eso hacía corriendo hasta llegar al colegio. Lo mismo hacía al salir. Y por las tardes al terminar las tareas, justo antes de la merienda.

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El lagarto

Hoy me ha dado por pensar que soy ese lagarto que se muerde la cola y se pasa la vida persiguiendo su miembro fantasma. Sin saber quién sigue a quién ya.

De gatos y dioses

Cuando creo que todo está escrito ya, que todo está dicho, todo está pensado, me enciendo un cigarro y salgo al balcón. Hay un jardín allí abajo, siempre ha estado ahí también, no sabemos cómo se accede. Pero ellos sí. Los gatos que lo han convertido en su fortaleza. Cuando creo que todo está hecho, salgo a fumar y los observo un rato. Porque nadie más está viendo lo que yo, cada juego, cada gesto, cada movimiento es nuevo. Seguir leyendo “De gatos y dioses”

La hora del silencio

Lo tenía todo de mi parte. La escalera helada del metro, la hora del silencio al borde de la medianoche, la farola sobre nosotros. Él arriba del todo, a punto de bajar el primer tramo. Yo, abajo. Esperando el momento. Lo tenía todo de mi parte. El frío de fuera, el calor de dentro. La sonrisa, en mi cara, en su cara. A unos pasos. Un resbalón fortuito, mis brazos, sus brazos, y un encuentro de miradas. Solo necesitaba eso. Él bajaba, yo subía. Un aliento de hielo. Un latido asustado. Suyo o mío, quién sabe, cada vez es más difícil ser la muerte. Y sólo quedaba un maldito escalón entre los dos.

The Way Behind

Dos voluntarios, 26 días de viaje a través de algunos de los principales campos de refugiados en Europa para grabar micro-documentales y conocer las historias tras las cifras #TheWayBehind quiere elevar sus voces, conocer sus historias, entender su viaje y todo lo que han dejado atrás ¿Nos acompañas?
Seguir leyendo “The Way Behind”

La caminata

En Julio de 2017 queremos realizar una serie de micro documentales en algunos de los principales campos de refugiados en Europa. Para itentar ayudar a aquellos que lo dejaron todo atrás #TheWayBehind Este texto me recuerda cuánto llevamos sufriendo esta crisis, y cuánto le queda aún…

¿Qué me apetece leer hoy?

Eran las siete cero cero cuando partimos. Apenas llevábamos agua, algo dinero y la ropa que vestíamos. Así lo habíamos decidido, para andar ligeros y frescos, pues sabíamos que largo sería el camino. Nos despedimos de la abuela al poco de que asomasen los primeros rayos de sol, ella no podía venir, entre sus rodillas, sus caderas y sus otros huesos rezagados, jamás conseguiría atravesar ni los primeros metros. Ella nos deseó suerte, nos besó y nos despidió con la alegría del que sabe que es para mejor.

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Los de aquí y los de allí

A colación con un proyecto en el que estoy trabajando junto a otras voluntarias, viene bien revisar este texto. Puede que por fin podamos hacer algo para aportar nuestro granito de arena #TheWayBehind
Mas información: https://www.facebook.com/thewaybehindproject/

¿Qué me apetece leer hoy?

Hay una hastag muy de moda, junto a varias fotos (como la anciana sin techo que duerme en el cajero), que seguro que habréis visto últimamente, #ayudaremoscuandoestemosbien. El mensaje, a grandes rasgos, es el siguiente: “ayudaremos cuando estemos bien. No se puede ser solidarios con los de fuera mientras los de aquí lo estamos pasando mal”. Y todo aquel que piense lo contrario es hipócrita, es demagogo y sobre todo es anti español.

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Si Pinocho dice que Dios existe ¿le crece la nariz?

Un católico: De ninguna manera.

Un ateo: Por supuestísimo que sí

Un escritor: Depende del trasfondo del personaje, su pasado, si se ha hablado o no de ese dios antes en la historia, si aporta algo al argumento. Seguir leyendo “Si Pinocho dice que Dios existe ¿le crece la nariz?”

Poesía escarlata

Me gusta salir a matar en días de lluvia. Convierten la escena en arte al instante. Me gusta observar a las chicas. De noche. Cerca de algún letrero de neón. Deben ser jóvenes, cuando sus pieles aún son un lienzo terso y suave. Me hipnotizan esas perlas de agua varadas sobre el metal de mi cuchillo. Tan quietas como sus pupilas cuando reparan en ella. Seguir leyendo “Poesía escarlata”

Solo somos ecos, intentando ser voz.

Déjame contarte un cuento

La princesa, que intercambiaba besos por mamadas, nunca fue buena haciendo negocios. Ella que quería ser dominatrix pero ni el cuero la abrazaba. Acabó abrazando el suelo, besando su propia sangre, mientras la última gota de heroína gotea de la jeringa. Ni siquiera estaba muerta. Y el ojo bueno lloraba ese hecho. El ojo malo, el del rímel corrido y la pestaña torcida, ese ya ni piensa ni se disgusta. Solo observa la última gota sostenida en la soledad de su aguja, quieta, etérea. Seguir leyendo “Déjame contarte un cuento”

“¿Quién soy?” dijo la rata

“Eso depende” dijo el gato “de si estás dentro o fuera de mi boca”

Mis zapatos

Hoy me he pintado la raya del ojo, porque me hace sentir más sexy. Me puse la camisa que me da más seguridad, mi perfume, y me entretuve demasiado con el pelo. Era mi tercera cita, hubo beso en la segunda, y los nervios me comían. Quería ponérselo fácil, quería estar bien para él. Tengo treinta años y es la primera vez que tengo una tercera cita.

Quedamos donde siempre, dimos un paseo charlando. Me hace reír, siempre, desde el minuto uno. Me hace olvidar lo malo, me hace olvidarme de mi, de por qué me tengo que pintar los ojos para sentirme sexy. Me hace hasta olvidar el frío. Seguir leyendo “Mis zapatos”

Nueve minutos

−Háblame de Elsa Origoska −fue la primera y única frase que escupió.

El poli malo dice llamarse Sean o Shaun, es difícil saberlo con ese tono grave escocés. Lo que está claro es que que este es el poli malo. El bueno, Jim, había salido dos minutos y treinta segundos antes a por café (incluso me preguntó cómo me apetecía tomarlo, el muy imbécil). Seguir leyendo “Nueve minutos”

El arte de escribir

Sobre el arte de escribir hay tanto escrito que es fácil perderse en mandamientos, consejos, claves, decálogos de lo correcto, normas de lo prohibido, eteces varios. Por eso rara vez leí algo antes de escribir, y es que comencé a los 17 supongo que por no disponer de otros medios más modernos para distraerme (creo que en aquella época era la Nintendo 64).

Y leía, más que ahora la verdad, y veía pelis del videoclub, menos que ahora, la verdad. Total, es caso es que pensaba en eso de escribir y decía: tiene que molar (esto fue mucho antes de pensar en profesiones ligadas a la escritura, ni siquiera pensaba que se considerase profesional escribir sino una suerte de genialidad que unos pocos estaban destinados a hacer). Seguir leyendo “El arte de escribir”

Llegas tarde

Llegas tarde a la vida, por andar sentado cuando todos corren. Llegas tarde a clase, cuando te detienes a divagar sobre la vida y la muerte ante un pájaro caído en el suelo. Y no aprendes como el resto. Y no podrás aprender como ellos nunca más. Seguir leyendo “Llegas tarde”

El detector siempre suena

Sofia, Bulgaria, 2017. Haciendo un Servicio de Voluntariado Europeo. Como cualquier otro buen ciudadano de la Unión Europea apliqué para participar en uno de estos proyectos que promueven el intercambio cultural, la integración, la experiencia entre distintos países de los estados miembros.

Esta mañana, ahora mismo, me preguntan, por quinta vez en seis meses, por mi tarjeta de identidad en el metro. No le daría tanta importancia cualquier otro día, en cualquier otro momento. Pero es la quinta vez que me lo piden, y todas esas veces viajaba sin la compañía de los otros voluntarios. Y no es lo único. Seguir leyendo “El detector siempre suena”

Página en blanco

No me da miedo la página en blanco, no, me asusta más el blanco de la nieve. La nieve en mis recuerdos. Jóvenes y viejos al mismo tiempo. Congelados, y vivos, en un tiempo atascado de mi memoria. Esa nieve que visito a veces, cuando más frío tengo. A esa nieve le temo. Esa nieve visito. Tratando de imitar esa sonrisa, entender esa lágrima suspendida en el hielo del tiempo. Tan pronto la veo, se va. El recuerdo, el sueño. Se va, todo. Y solo queda ese blanco. Como una página nueva donde escribir recuerdos. Y esa página, a esa página no puedo temerla.

El arte de ser seguidos

¡Sígueme! Usa mi hastag, etiquetame, comenta, comparte, por el amor de dios, ¡comparte! Mírame, aquí estoy. Suscríbete. Daleme gusta ¿tanto te cuesta? Vótame. Que no bótame. Eso ni hablarlo. Sólo sígueme, cógete de la mano de mi verdad y hazte eco. Pues “Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que CREA en mi no permanezca en las tinieblas” (Jesús de Nazaret, eso se dice, yo no estaba allí). Internet nos ha convertido a todos en mesias. Y com buen ateo, vengo a quejarme de eso. Seguir leyendo “El arte de ser seguidos”

Mitad madre, mitad puta

No he conocido en mi vida una furcia más descarada, que viene y me toca, y me atrapa, cuando menos la espero. Me seduce y me embarga. Aunque sea deleitándome con los restos de nieve que caen como meteoros de los árboles desnudos en este invierno tan de hielo, tan de otro país. O dándole caza a una luna tímida en una noche oscura. A veces me encuentra en el metro, con el cuerpo apretado entre una multitud ajena a mis ojos perdidos en el cristal, dando forma a las sombras de su reflejo. A veces se mete en mi cama, cuando ni el sueño ni el descanso parecen querer acostarse conmigo. Seguir leyendo “Mitad madre, mitad puta”

Borrones

Martin, que se miraba al espejo sin ver su reflejo. Un borrón y un dolor de cuello. Eso tampoco podía verlo, pero lo sentía. Como no podía ver cuánto la echaba de menos. Y bien que lo sentía. Echa el vaho en el cristal y pasa la mano con suavidad en un intento de limpiarlo. Nada. Sólo ese estúpido borrón. Un borrón y un dolor de cuello ¿es ese él mismo? ¿ese es Martín en el espejo? ¿su reflejo?

¿Dónde la habrá dejado? ¿por qué la extrañará tanto? No estaba en la cocina, ni en el baño. No había salido a comprar, ni a ver a una amiga, ni a casa de su hermana ¿dónde la había dejado? ¿dónde se había metido? Seguir leyendo “Borrones”

Nuestros labios nunca se tocaron, porque mi boca sabe a maldades y canciones no escritas, y la tuya sabe a besos

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