Era un viajero del tempo. Tempo, que no tiempo. Pues no hay fe de erratas en lo que a esta ciencia se trata.Y no hay tiempo, sí, tiempo, que no tempo, para más pareados tontos, pues hacía mucho que no escribía y esto que atañe, sí, te atañe, me atañe, a todos, esto te interesa. Que ni dónde se estudia ni cómo se llega a ese grado de comprensión del universo, el tiempo, el tempo, y sus leyes. Pues pasa. Cuando se alinean, no los planetas, ni los astros ya, no, se alinean, así, con un retortijón cariñoso. Se alinean sí, el tempo de esa canción que suena por el equipo musical de turno, el altavoz, el auricular, del mp3, del mp4, del móvil, mira, como si viene a voces del cantaor de abajo o de los dedos infinitos del de la guitarra del quinto. Se alinea ese tempo, esa voz, esa letra, esa melodía ¡la melodía! La que tira de la tripa para arriba.

Así empieza. Con la tripa, la melodía. Y un ojo se cierra, el otro queda avieso, que esta ciencia es confusa, no infusa, pero certera. Y se alinean, el ojo cerrado, la tripa apretujada, con cariño, pero apretada, el recuerdo, sí, ahí llega. El tempo a través del tiempo, el tiempo, sí, el tiempo, en un viaje fugaz que no viene de fuera sino de dentro. La magia de la luz, del cine, de los sueños, comienza a recrear el recuerdo.

Nítido. Fijo. Caótico. Y viajas. El tempo en el tiempo, tu ojo medio cerrado soñando, tu ojo abierto sufriendo, por quedarse en el presente varado. Tu tripa, que no duele aunque apriete porque se alinea hasta el pum pum del corazón de aquel y de este momento. Se unen latidos perdidos, latidos ganados. El ojo cerrado y el ojo abierto compartiendo el secreto que todos sabemos. Que sin querer somos viajeros del tempo.

Ese tempo, esa melodía, esa nota, esa canción que parece que se queda dentro y fuera a la vez. Se queda atrás, donde la conocimos y la dejamos. Se queda en el aire al parecer. Se queda en una parte de la tripita, la que nos da mimos cuando lo demás duele. Se quedan sus notas pegadas en uno de los párpados, el que más mira atrás. Y cuando se vuelve a oír, pase el tiempo que pase, ese latido es el mismo. Viajamos en el tiempo, sí, el tiempo. Con el tempo. Así que es el tempo el que viaja en realidad, aunque sea dentro de nosotros.

¿Qué de tonterías se pueden decir, verdad? Para decir que de repente un par de canciones hiladas en un bar me han tirado al pasado, lejos, cerca,  a medio camino puede. Me ha zarandeado, enseñándome lo ganado, lo perdido, lo sentido, todo en un huracán de recuerdos, todo bajo su mismo tempo. Mi latido ido, mi latido nuevo. Como si intentasen crear su propia versión del tempo. Viviendo sin vivir esos momentos, media sonrisa por el ahora, media por lo que ya fue, media por la suma de ambas en este viaje del tempo. Qué malo fui en matemáticas, pero que bueno fui viajando.

 

 

 

 

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