Recuerdo cuando soñábamos como flores. Un sueño por pétalo. No cayeron marchitos pero algo pasó. Algo nos arrancó de ese suelo, ¿verdad? Ese suelo que estaba y no estaba, dejándonos anclados o lanzándonos al aire a placer. Ese suelo, lo recuerdo a veces. Era como un suelo primigenio, el suelo previo al big ban. Donde todo estaba a punto de pasar. ¿Y qué pasó? Me digo, me tecleo más bien, ¿y qué pasó?

No dejamos de soñar, eso seguro. Pero algo cambió, algo se perdió, como parecen haberse perdido las teclas de mi teclado. No me van algunas, parece poco importante, pero hay letras que se niegan a salir. Hay que apuñalar la tecla para que esta haga acto de presencia. ¿Sabes lo difícil que es escribir sin la g, la f, la e? A veces incluso los números, irónnicamente el 8 y el 6, mi año de nacimiento. Como si mi teclado intentara decirme algo. Decirme que está roto. Que ni importa cuántos años llevo aquí, que no importa lo que quiera decir. Que no eran más que sueños de una rara flor.

Recuerdo cuando escribía sin parar. Recuerdo ser flor, y ser más. A veces, ya no sé si recuerdo o si sueño recuerdos. A veces, me siento esa flor arrancada y a veces me siento como las teclas de mi teclado. Aporrreando la vida para dejar salir lo que siento.

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