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Hoy Quiero Leer

Enciende tu imaginación: relatos, artículos, historias.

Autor

Omar Quéper

Académicamente hablando hice mis deberes, licenciado en Periodismo y técnico de Realización Audiovisual y Espectáculos. Pero es estrictamente sobre el papel, cualquier trabajo relacionado con mis estudios es pura ficción. Empecé, como empieza el amor por esto, jugando. Recreando mi propio parque jurásico con dinosaurios de todos los tamaños, desde un tiranosaurio llavero hasta un triceraptor peluche que cuadrupulicaba al Rex. Usando las figuras del belén como los desprevenidos visitantes. Luego recreando películas con mi hermana, huyendo de tornados, de aliens, viviendo aventuras aunque fuera dento de un coche aparcado bajo la lluvia. Empecé con lo que tenía a mano, y entonces llegaron los libros. Siempre recibía libros en mi cumpleaños, en navidades, siempre había libros. Un día dejé de jugar. Al menos de la forma en que solía hacerlo, y empecé a jugar de otra forma. En mi cabeza primero, en papeles después. Me gusta jugar. Y de no ser por la escritura, solo sería otro loco más. Así que se ha convertido en necesidad a base de temer ser otra cosa. Y ahora no se vivir sin ello, no sé si quiero vivir sin ello. Me gusta escribir, me gusta leer. Pero siendo sinceros, solo son dos formas de seguir saliendo a jugar. A otro mundo, otro universo, otro tren de prosas y versos. Una forma de salir a volar un rato ¿jugamos?

Las puertas que no vemos

Ahora vivo en una casa con cinco puertas. Cinco puertas todas iguales. Sí, parece una tontería pero ¿os habéis fijado alguna vez en las puertas de vuestra casa? No, no es que sea arquitecto o decorador, y tampoco voy a hablaros de cómo recolocar las puertas de vuestras casas para mejorar el feng shui. Lo siento. No va de eso.

Va de que estas navidades me he dado cuenta de que la casa en la que me crié, la casa de mi abuela, lo que puedo llamar hogar sin miedo a equivocarme, sí, esa casa tiene 10 puertas ¡10! Antes tenía doce, pero por falta de espacio terminaron por desaparecer. Con diez  o doce, lo curioso es que ninguna es igual a la otra. No hay en esa casa dos puertas iguales. Y nunca me había parado a pensar en ello.

Treinta años y nunca me había parado a pensar en las puertas de mi hogar. ¿No es absurdo? Y ahora que las veo, no puedo dejar de sonreír. Como si hubiese descubierto al alcance de mi mano todo un cosmos por descubrir. Porque esas puertas siempre estuvieron ahí. Están en todos mis buenos y mis malos recuerdos, están en toda mi historia, siempre han estado. Y nunca las vi.

¿Cómo podemos pasar la vida sin ver lo que tenemos delante de nuestras narices? ¿será que no le damos el significado real a las cosas hasta que estas deciden contárnoslo? Será que nunca presté atención, que no ponemos atención a lo que damos por sentado. Y un día se nos revela, absurdo y gracioso, lo que siempre estuvo ahí.

Esa casa, con sus doce o sus diez puertas, no siempre tuvo puertas. Es una de esas casas que nació piedra a piedra por la necesidad de aquellos que la habitaban. Con una habitación al principio, luego tres, una planta, dos pisos, azotea. La casa fue creciendo como crece una planta que se cuida con cariño durante largo tiempo. La casa está viva. Y sus puertas son prueba de ello.

Cada puerta una historia, cada puerta una personalidad. Estas navidades me di cuenta de lo especial que es esa casa. Como un espejo de los que la han habitado. Como un fósil de la vida que vivió. La casa y sus puertas hablan, y nunca las había escuchado. Me cuentan quiénes fuimos, quiénes somos ahora.

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Elecciones

Hay quienes eligen no morir en su tierra. Eligen morir en el mar, en la frontera, morir en tierras que no entienden ni conocen, morir solos, lejos, perdidos. Hay quienes eligen dejar atrás sus casas, sus vidas, sus propios padres. Hay quienes eligen no mirar atrás, quedarse en un presente que no quiere ver. Hay quienes eligen que no importa donde mueran, mientras no vengan a vivir. Si yo tuviera que elegir, elegiría morir de la vergüenza. Pero no nos engañemos. De todas estas elecciones, solo una lo es en realidad.

Estas raras flores hermosas

Si la rosa se abriese un perfil social para polinizar, cómo sería. Hermosa, roja, sin espinas. Perfecta. Una rosa de manual. La rosa que todo florista querría tener en su escaparate, esa rosa. La que ves y dices, esa rosa dice amor. No puede decir otra cosa. Esa rosa, metirosa. Que por una erre no te quedas en mentirrosa y hasta suenas bonito. Porque de eso va este juego. De sonar hermosos. Lo que hace una solitaria letra, camvia el mundo. Sí, con uve, que así se deja ver más. Porque no es lo mismo cambiar que camviar.  Seguir leyendo “Estas raras flores hermosas”

Las teclas de mi teclado

Recuerdo cuando soñábamos como flores. Un sueño por pétalo. No cayeron marchitos pero algo pasó. Algo nos arrancó de ese suelo, ¿verdad? Ese suelo que estaba y no estaba, dejándonos anclados o lanzándonos al aire a placer. Ese suelo, lo recuerdo a veces. Era como un suelo primigenio, el suelo previo al big ban. Donde todo estaba a punto de pasar. ¿Y qué pasó? Me digo, me tecleo más bien, ¿y qué pasó?

No dejamos de soñar, eso seguro. Pero algo cambió, algo se perdió, como parecen haberse perdido las teclas de mi teclado. No me van algunas, parece poco importante, pero hay letras que se niegan a salir. Hay que apuñalar la tecla para que esta haga acto de presencia. ¿Sabes lo difícil que es escribir sin la g, la f, la e? A veces incluso los números, irónnicamente el 8 y el 6, mi año de nacimiento. Como si mi teclado intentara decirme algo. Decirme que está roto. Que ni importa cuántos años llevo aquí, que no importa lo que quiera decir. Que no eran más que sueños de una rara flor.

Recuerdo cuando escribía sin parar. Recuerdo ser flor, y ser más. A veces, ya no sé si recuerdo o si sueño recuerdos. A veces, me siento esa flor arrancada y a veces me siento como las teclas de mi teclado. Aporrreando la vida para dejar salir lo que siento.

Hoy debería estar bebiéndome el mar. El oéano entero. Hoy debería estar más cerca de la cara azul de la luna. Hoy, sí, hoy, debería haber conquistado el mismo centro de la tierra. Pero todo sigue pareciendo ayer.

Viajeros del tempo

Era un viajero del tempo. Tempo, que no tiempo. Pues no hay fe de erratas en lo que a esta ciencia se trata.Y no hay tiempo, sí, tiempo, que no tempo, para más pareados tontos, pues hacía mucho que no escribía y esto que atañe, sí, te atañe, me atañe, a todos, esto te interesa. Seguir leyendo “Viajeros del tempo”

Sonríe. El mundo se va a la mierda pero el selfie stick sigue en alto.

Esa melodía

Era de noche. Llovía. Cómo solo puede llover en una primavera en los países del este. Y un grupo de jazz inunda esa noche, esa lluvia, esa sala. Su música está viva. Golpea mi mente, la acaricia, la atormenta y la enamora. Como la vida. Y nacen los relatos que esperan en algún lugar para ser contados. Seguir leyendo “Esa melodía”

Amira

Cada mañana, lo primero que hacía Amira al salir de casa era correr calle abajo y calle arriba, por los callejones, el solar junto al supermercado, el parque malo antes del parque bueno. Todo eso hacía corriendo hasta llegar al colegio. Lo mismo hacía al salir. Y por las tardes al terminar las tareas, justo antes de la merienda.

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El lagarto

Hoy me ha dado por pensar que soy ese lagarto que se muerde la cola y se pasa la vida persiguiendo su miembro fantasma. Sin saber quién sigue a quién ya.

De gatos y dioses

Cuando creo que todo está escrito ya, que todo está dicho, todo está pensado, me enciendo un cigarro y salgo al balcón. Hay un jardín allí abajo, siempre ha estado ahí también, no sabemos cómo se accede. Pero ellos sí. Los gatos que lo han convertido en su fortaleza. Cuando creo que todo está hecho, salgo a fumar y los observo un rato. Porque nadie más está viendo lo que yo, cada juego, cada gesto, cada movimiento es nuevo. Seguir leyendo “De gatos y dioses”

La hora del silencio

Lo tenía todo de mi parte. La escalera helada del metro, la hora del silencio al borde de la medianoche, la farola sobre nosotros. Él arriba del todo, a punto de bajar el primer tramo. Yo, abajo. Esperando el momento. Lo tenía todo de mi parte. El frío de fuera, el calor de dentro. La sonrisa, en mi cara, en su cara. A unos pasos. Un resbalón fortuito, mis brazos, sus brazos, y un encuentro de miradas. Solo necesitaba eso. Él bajaba, yo subía. Un aliento de hielo. Un latido asustado. Suyo o mío, quién sabe, cada vez es más difícil ser la muerte. Y sólo quedaba un maldito escalón entre los dos.

The Way Behind

Dos voluntarios, 26 días de viaje a través de algunos de los principales campos de refugiados en Europa para grabar micro-documentales y conocer las historias tras las cifras #TheWayBehind quiere elevar sus voces, conocer sus historias, entender su viaje y todo lo que han dejado atrás ¿Nos acompañas?
Seguir leyendo “The Way Behind”

La caminata

En Julio de 2017 queremos realizar una serie de micro documentales en algunos de los principales campos de refugiados en Europa. Para itentar ayudar a aquellos que lo dejaron todo atrás #TheWayBehind Este texto me recuerda cuánto llevamos sufriendo esta crisis, y cuánto le queda aún…

Hoy Quiero Leer

Eran las siete cero cero cuando partimos. Apenas llevábamos agua, algo dinero y la ropa que vestíamos. Así lo habíamos decidido, para andar ligeros y frescos, pues sabíamos que largo sería el camino. Nos despedimos de la abuela al poco de que asomasen los primeros rayos de sol, ella no podía venir, entre sus rodillas, sus caderas y sus otros huesos rezagados, jamás conseguiría atravesar ni los primeros metros. Ella nos deseó suerte, nos besó y nos despidió con la alegría del que sabe que es para mejor.

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Los de aquí y los de allí

A colación con un proyecto en el que estoy trabajando junto a otras voluntarias, viene bien revisar este texto. Puede que por fin podamos hacer algo para aportar nuestro granito de arena #TheWayBehind
Mas información: https://www.facebook.com/thewaybehindproject/

Hoy Quiero Leer

Hay una hastag muy de moda, junto a varias fotos (como la anciana sin techo que duerme en el cajero), que seguro que habréis visto últimamente, #ayudaremoscuandoestemosbien. El mensaje, a grandes rasgos, es el siguiente: “ayudaremos cuando estemos bien. No se puede ser solidarios con los de fuera mientras los de aquí lo estamos pasando mal”. Y todo aquel que piense lo contrario es hipócrita, es demagogo y sobre todo es anti español.

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Si Pinocho dice que Dios existe ¿le crece la nariz?

Un católico: De ninguna manera.

Un ateo: Por supuestísimo que sí

Un escritor: Depende del trasfondo del personaje, su pasado, si se ha hablado o no de ese dios antes en la historia, si aporta algo al argumento. Seguir leyendo “Si Pinocho dice que Dios existe ¿le crece la nariz?”

Poesía escarlata

Me gusta salir a matar en días de lluvia. Convierten la escena en arte al instante. Me gusta observar a las chicas. De noche. Cerca de algún letrero de neón. Deben ser jóvenes, cuando sus pieles aún son un lienzo terso y suave. Me hipnotizan esas perlas de agua varadas sobre el metal de mi cuchillo. Tan quietas como sus pupilas cuando reparan en ella. Seguir leyendo “Poesía escarlata”

Solo somos ecos, intentando ser voz.

Déjame contarte un cuento

La princesa, que intercambiaba besos por mamadas, nunca fue buena haciendo negocios. Ella que quería ser dominatrix pero ni el cuero la abrazaba. Acabó abrazando el suelo, besando su propia sangre, mientras la última gota de heroína gotea de la jeringa. Ni siquiera estaba muerta. Y el ojo bueno lloraba ese hecho. El ojo malo, el del rímel corrido y la pestaña torcida, ese ya ni piensa ni se disgusta. Solo observa la última gota sostenida en la soledad de su aguja, quieta, etérea. Seguir leyendo “Déjame contarte un cuento”

“¿Quién soy?” dijo la rata

“Eso depende” dijo el gato “de si estás dentro o fuera de mi boca”

Nueve minutos

−Háblame de Elsa Origoska −fue la primera y única frase que escupió.

El poli malo dice llamarse Sean o Shaun, es difícil saberlo con ese tono grave escocés. Lo que está claro es que que este es el poli malo. El bueno, Jim, había salido dos minutos y treinta segundos antes a por café (incluso me preguntó cómo me apetecía tomarlo, el muy imbécil). Seguir leyendo “Nueve minutos”

El arte de escribir

Sobre el arte de escribir hay tanto escrito que es fácil perderse en mandamientos, consejos, claves, decálogos de lo correcto, normas de lo prohibido, eteces varios. Por eso rara vez leí algo antes de escribir, y es que comencé a los 17 supongo que por no disponer de otros medios más modernos para distraerme (creo que en aquella época era la Nintendo 64).

Y leía, más que ahora la verdad, y veía pelis del videoclub, menos que ahora, la verdad. Total, es caso es que pensaba en eso de escribir y decía: tiene que molar (esto fue mucho antes de pensar en profesiones ligadas a la escritura, ni siquiera pensaba que se considerase profesional escribir sino una suerte de genialidad que unos pocos estaban destinados a hacer). Seguir leyendo “El arte de escribir”

Llegas tarde

Llegas tarde a la vida, por andar sentado cuando todos corren. Llegas tarde a clase, cuando te detienes a divagar sobre la vida y la muerte ante un pájaro caído en el suelo. Y no aprendes como el resto. Y no podrás aprender como ellos nunca más. Seguir leyendo “Llegas tarde”

El detector siempre suena

Sofia, Bulgaria, 2017. Haciendo un Servicio de Voluntariado Europeo. Como cualquier otro buen ciudadano de la Unión Europea apliqué para participar en uno de estos proyectos que promueven el intercambio cultural, la integración, la experiencia entre distintos países de los estados miembros.

Esta mañana, ahora mismo, me preguntan, por quinta vez en seis meses, por mi tarjeta de identidad en el metro. No le daría tanta importancia cualquier otro día, en cualquier otro momento. Pero es la quinta vez que me lo piden, y todas esas veces viajaba sin la compañía de los otros voluntarios. Y no es lo único. Seguir leyendo “El detector siempre suena”

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