−Háblame de Elsa Origoska −fue la primera y única frase que escupió.

El poli malo dice llamarse Sean o Shaun, es difícil saberlo con ese tono grave escocés. Lo que está claro es que que este es el poli malo. El bueno, Jim, había salido dos minutos y treinta segundos antes a por café (incluso me preguntó cómo me apetecía tomarlo, el muy imbécil). Lo sé con exactitud porque no puedo evitar escuchar algún reloj en alguna parte de esta hedionda comisaría, hace tic, tac, tic, tac, tic, tac, y hay como un enorme silencio entre cada tic y cada tac. Y hay un enorme silencio en esta sala también, porque si hablo voy a perder la cuenta de los minutos y los segundos. Y no puedo perder la cuenta. Y no quiero perdérmerlo por nada del mundo.

Voy a llamarlo Shaun, seguro que es Sean, que es más escoces que un Kilt, pero me gusta más Shaun, tiene cara de Shaun. Tiene cara de poli malo ¿decidirán ellos esos roles o se los darán en la academia al graduarse? Me pregunto quién estará al otro lado del espejo, seguro que el tonto bueno está allí, y que lo de los cafés era una trola. Elsa me dijo cómo actuarían, Elsa lo sabía todo.

−No voy a repetirlo −se le nota claramente crispado al pobre, puedo ver como aprieta la mandíbula bajo esa mata de pelo que pretende ser una barba molona, una barba de poli malo, claro− la única forma de reducir la condena es colaborar, Marty, lo sabes.

No puedo evitar reírme, me ha llamado Marty, ¿por qué me habrá llamado así? Puede que ellos no tengan mi cartera, puede que la perdiese antes de que se me tiraran todos encima a golpes. Pero estaría en la casa, deben haber revisado la casa ¿qué clase de polis son estos?

−¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?

−¿Se puede saber qué te hace tanta gracia? − repito, es que hasta el tono es tan de poli malo. Aprieta el puño sobre la mesa, si me pega pierde puntos, si me pega gano puntos, eso dijo Elsa− es que Marty es un mote que me pusieron los del curro, por el de regreso al futuro, Marty Mcfly, porque dicen que me parezco o algo −ese juego con las cejas en su cara, sí, ¿le estaré mintiendo, no? Lo he dejado claramente en ridículo, más mandíbula y más pose de poli malo.

−Está bien, como quieras. Púdrete en la cárcel maldito enfermo hijo de puta.

−Shaun, esa no es forma de hablar a alguien ¿es que te dan un guión antes de entrar? Dime algo nuevo, campeón −sí, vamos, levanta la mano, demuéstrame que eres el poli malo o lárgate.

Hace una seña al espejo, para que venga el bueno o para que me lleven. Él se pavonea por la habitación con las manos a la cintura, toquetea su pistola con el dedo, repetidas veces. Tantas que casi me hace olvidar la cuenta, tic, tac, tic, tac. Siete minutos y quince segundos llevamos aquí. Parece mucho más, desde luego. Se me acerca sigiloso, como un gallo de corral a punto de picotear a un adversario.

−Vamos a pillar a esa zorra y se pudrirá en la cárcel primero, y en el infierno después, como tú −esto me lo susurra al oído. Y aprieta los dientes cuando no obtiene respuesta. Nunca encontrarán a Elsa, nunca la cogerán. Es imposible− ¿crees que ella te protegería? ¿crees que significas algo para ella? No eres más que un peón prescindible en sus juegos. Esa mujer es el diablo.

−No te atrevas a ensuciar su nombre con tu boca. Nunca la encontrarás, nunca la pararán. Elsa es una diosa. Es una montaña.

−Hasta las montañas se perforan, y se erosionan −sonríe, por haberme hecho reaccionar. No se lo discuto. Es que cuando escucho su nombre, es sólo que.

−Elsa es perfecta −casi es un extásis, tengo que suspirar para aliviar mi erección− es una montaña de puro diamante y lo sabe todo. Todo.

Tic tac tic tac. Ocho minutos y treinta segundos. Treinta y uno. Treinta y dos. Elsa dijo no más de nueve minutos. Eso dijo. Nueve minutos aquí. Y vendría a por mi. No más de dos litros de sangre en el suelo. No más de tres kilos quinientos de tripas en las paredes. A los padres, los niños y el perro. Elsa sabe lo que quiere. Lo sabe todo. Ocho minutos y cincuenta y dos segundos. Tic Tac Tic Tac ¿dónde habrán escondido ese maldito reloj? Retumba por todas partes.

−¿Dónde está Elsa? −golpeó la mesa rabioso.

Cincuenta y ocho. Cincuenta y nueve. Sesenta…

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